Esto es lo que realmente sucede dentro de tu cuerpo cuando bebes:
Tu hígado convierte el alcohol en un compuesto tóxico llamado acetaldehído, una sustancia hasta 30 veces más tóxica que el propio alcohol. Es este compuesto (no el alcohol) el que causa el dolor de cabeza, las náuseas, la fatiga y la niebla mental a la mañana siguiente.
Cuando bebes más rápido de lo que tu hígado puede procesar el acetaldehído, este inunda tu sistema. Las reservas naturales de glutatión de tu cuerpo, el antioxidante maestro responsable de neutralizar el acetaldehído, se agotan por completo.
¿El resultado? Te despiertas envenenado, deshidratado, inflamado y sin energía.
El verdadero problema no es que bebiste demasiado. Es que tu cuerpo se quedó sin los nutrientes que necesita para procesar lo que bebiste.